Iñiguez Vintimilla, Juan2014-03-262014-03-261920http://dspace.ucuenca.edu.ec/handle/123456789/5319En el año de 1900, a principios de agosto yendo de vacaciones a Tixán, donde hacía de Cura un hermano mío, atravesé el Nudo del Azuay, que se halla a 4307 metros de elevación, con el temporal más crudo. Había nevado toda la semana anterior y continuaba nevando. La ondulada blancura del hielo, tendida simétricamente sobre el Nudo, no le quitaba nada de su forma natural: visto a la distancia, semejaba, como dice Wolf, una araña gigantesca; pero una araña sobre cuyo lomo se hubiese derramado polvo de estrellas. La nieve, como lluvia de hostias o petalos de lirio, continuaba cayendo en espesos y abundantes copos. Senda no había.application/pdfspaopenAccesshttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/ec/Poesia EcuatorianaGloria SupremaBook